Había mucha niebla, y no pudimos ver la isla hasta no estuvimos muy cerca.
Me encantaron las plataformas que tenían para la pesca de ostras (arriba). Al ir acercándonos, el torii (arco que precede siempre los santuarios Shinto o sintoistas) del santuario de Itsukushima o Miyajima apareció como flotando en el mar.

El santuario está construido sobre unos soportales de madera, de manera que al subir la marea parece flotar en el agua, y el torii también. Sin embargo, cuando la marea baja, se puede pasear bajo el torii y las "piernas" del santuario quedan a la vista. Este santuario esta en la lista de la Unesco como patrimonio de la humanidad.
Mientras terminaba de bajar la marea y no, se podía andar por encima de una piedras para evitar el agua. El único problema era, que a veces, se producían atascos...
Ya con la marea baja...
La isla es bastante montañosa y tiene repartidos en ella unos cuantos templos budistas. Cerca del santuario había un complejo del que podéis ver una foto de la pagoda de cinco pisos, con unos árboles de lo más particulares.
Y también la fauna:

Hay ciervos (y monos que no vimos), sueltos por la isla. Tienen carácter divino y viven en libertad, al igual que en la ciudad de Nara (cerca de Kioto).

Se supone que un monje de la isla inventó las cucharas de madera que se usan para servir el arroz. Se pueden ver muchas de ellas incluso de tamaño gigante en uno de los templos. Son uno de los souvenirs típicos en las tiendas.
No paraba de llover y estaba llenísimo de gente en la zona cercana al santuario. Cambiamos entonces de ruta y nos fuimos a la montaña, a visitar otro complejo de templos budistas. La verdad es que este último nos sorprendió gratamente. Sin que yo sea religiosa, he de reconocer que en aquel lugar se "respiraba" espiritualidad.
Acompañándonos en el camino, había muchas estatuas de "santos" o
"deidades" budistas, budas chiquititos arropados, otros haciendo de las
suyas, e incluso Anpanman.
Breve mención a "Anpanman" (el de la esquina de arriba a la derecha de los muñecos cabezones),
es un superhéroe muy popular entre los niños japoneses (los tebeos
existen desde 1968 y desde hace años, también lo tienen en dibujos
animados). Tiene la cabeza hecha de pan rellena de anko,
por eso su nombre. Cuando encuentra a gente hambrienta, les da un trozo
de su cabeza hasta que se le acaba. Entonces vuelve volando (sin
cabeza) a la pastelería, a que su pastelero le haga una nueva,
surrealista ¿no?
Los templos y tiendas tenían adornos colgando en las esquinas del tejado que canalizaban el agua de la lluvia.
Como era de esperar, con tanto subir y bajar montañas nos entró hambre. Nos deleitamos con una ostras del lugar (absolutamente recomendables) regadas con un poco de sake.
Fue el colofón de una excursión muy especial.






















Muy chula la excursión, Carmen!
ResponderEliminarjeje, gracias Dani
ResponderEliminarSi! qué bonito!
ResponderEliminarP.S. Michael estará al caer, no? me gustó verle ayer :-)
La verdad es que se ve todo... como muy auténtico. Vamos, muy parecido a lo que uno se imagina del Japón más antiguo, quizás. Muy interesante, jeje
ResponderEliminarMe acaban de comentar que Japon quiere regalar vuelos para que la gente venga de viaje. Aun no se donde se puede apuntar uno, pero en cuanto me entere aviso, veniros a Japon!!!!
ResponderEliminarAvisa, avisa... que si me regalan elvuelo vengo!!! que ganas no me faltan ;-)
ResponderEliminarVenga Mari Pili!! continua!!! Besitos
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