Después de mucho tiempo esperando en la puerta del laboratorio, entramos en el edificio y desconectamos los diferenciales para evitar problemas cuando intentaran devolver la luz a los distintos edificios. Fuimos a los despachos (sin ascensor ocho plantas, uff...) y aunque el mío estaba en buenas condiciones (algunos papeles por el suelo, algún ordenador descolocado y algún café volcado, pero poco más), el de Michael estaba bajo dos centímetros de agua. Una tubería del pasillo se había roto, había producido una bajada de presión dejando al edificio (que ya estaba sin luz) sin agua, y al pasillo y los despachos colindantes bajo agua. Estuvimos achicando agua un grupo de unos ocho, mientras las réplicas se continuaban sin tregua (no tan fuertes, pero sin parar). Los papeles que se habían caído al suelo, al mojarse se habían deshecho taponando los sumideros de agua. Cuando el despacho recuperó un aspecto medio decente, nos marchamos a casa a ver cómo estaba nuestra habitación.
Ya os he contado en otras entradas que nuestra residencia es uno de los edificios más modernos de Tsukuba y está muy bien preparado para los terremotos. En nuestro cuarto, los libros se salieron de las estanterías, mis pendientes volaron y se repartieron por el salón y algunas cosas se movieron de su sitio, pero no había excesivo caos. Otros vecinos sin embargo tenían la casa manga por hombro. En la cocina, los armarios se bloquean de manera que nada se cae... excepto uno que está bajo la hornilla, en la que con el movimiento se salió el tornillo que aguantaba la balda y ésta cedió. Mis platos nuevos fueron cayendo uno encima de otro, partiéndose con alegría... de los platos hondos me quedó uno, y de los tipo cuenco dos, pero podría haber sido peor. Aquí una foto de los supervivientes.
No teníamos luz, ni agua, ni gas, y empezó a anochecer. En la habitación tenemos un equipo de emergencia para estos casos, con lámpara y radio a pilas (ver foto). Y yo, precavida, tenía una botella de dos litros de agua mineral guardada para estos casos y algunas latas de comida.
Al llegar a la residencia habíamos visto al resto de los vecinos en el patio, así que nos fuimos al encuentro. Nos llevamos una botella de cava que teníamos en el frigorífico ya que como no había luz se nos iba a calentar ;-). Estuvimos bebiendo y contándonos la experiencia mientras numerosas réplicas volvían locos a los más sensibles y mientras la radio anunciaba en todos los idiomas imaginables avisos de tsunamis en muchas partes de Japón. Tras un par de horas, descubrimos que aunque en nuestra residencia no había luz, otras partes de la ciudad sí tenía. Un grupo de personas fuimos a un restaurante chino cerca de casa en el que tenían todo lo que nos hacía falta a un precio módico. Nos encontramos con media Tsukuba, y es que todos estábamos en la misma situación. Tras comer y beber, nos dirigimos a nuestro bar habitual (el Hot Staff) y allí nos chocamos con la realidad. Tenían la televisión encendida mostrando las primeras imágenes de las olas arrasando la costa... de repente volvimos a pensar en aquellos que estaban sufriendo. Aquella noche, necesitamos de alguna cerveza extra para no echarnos a llorar allí mismo.
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Me ha alegrado "chathablar" contigo hoy! ;-)
ResponderEliminarSigue contándonos tus aventuras...
Besos